Asistir a un espectáculo de danza contemporánea siempre tiene algo de riesgo, ese componente incierto que es la licencia ligada a lo nuevo. Es como tirarse a un vacío sin conocer muy bien si la red que nos espera aguantará nuestro peso. En ocasiones, a veces muy contadas, la malla del final del trayecto resulta haber sido finamente tejida con el más fuerte de los hilos.

Sin academia que clasifica, ni erudito que indique el camino, el ingenio de Dani Pannullo vuelve a iluminar el espacio vacío de una sala expectante. Esta vez con cuatro bailarines y un futbolista sensible, el director y coreógrafo de Pannullo DanceTheatre, ha sido capaz de poner de pie a todo el patio de butacas, convirtiéndose en una de las mejores apuestas que ha hecho la presente edición de Madrid en Danza.

Avalanche”, su nuevo espectáculo, es un conjunto de gestos coreográficos que merece el respeto de todo aquel que ame la danza. Con movimientos rotundos y no faltos de estilos estos “chicos urbanos” generan magnetismo y misterio. Escoltados de música con grandes toques árabes un ángel los acompaña permanentemente, los hace cercanos y distantes, los lleva al clásico y los devuelve a la calle… un gran acierto que tiene por nombre el violonchelo que toca Luis Felipe Serrano. Durante la escasa hora de duración hay sitio para todo. Un momento barroco demuestra que lo imposible no tiene cabida en este concepto, y es cuando el movimiento cotidiano de quien baila hip hop no desentona con el ritmo que ha marcado antiguos pas de deux. En otro instante, un despliegue de sensibilidad no merma la fuerza de quien danza sobre el asfalto duro. Más allá vuelve una y otra vez ese mago del balón que muestra dulzura en un acto tan mundano que es jugar con una pelota. Y así hasta el infinito. Aunque, puesto al rigor, existen detalles que el ojo agudo podría señalar, este es un espectáculo para repetir; porque con un grado más se llega a la perfección.

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