“Ven a bailar con nosotros” es la invitación que nos hace la Compañía Nacional de Danza en el Teatro de La Zarzuela de Madrid y con ella su director, José Carlos Martínez, vuelve a atrapar al público y también a este crítico.

Luego de un rotundo éxito en el Teatro Real con “Romeo y Julieta”, la CND escoge tres nombres y una sorpresa para calentar una noche gélida en la capital. El programa arranca muy arriba con “Sub”, una creación de Itzik Galili que impregna el ambiente de fina testosterona. Siete hombres, como siete fieras, transforman el escenario en un campo de batalla. Las frases coreográficas se suceden vertiginosamente, por momentos nos perdemos, no sabemos dónde mirar, todo está en movimiento. No es casual que este coreógrafo acumule premios, tampoco lo es que esta compañía sea capaz de solventar con tanta precisión las exigencias de sus pasos. Tras la pausa, el telón se levanta para dejarnos ver a ocho excelentes bailarinas defender “Falling Angels” como si la vida les fuera en el empeño. Esta conocida coreografía de Jirí Kylián, es más suave, insinúa, se desliza y con ella la CND muestra el estilo que nunca ha abandonado.

Otra pausa y con ella una sorpresa, el telón desplegado sirve de fondo a Javier Monzón que poco a poco introduce movimientos, primero sin sentido, luego a-rítmicos, más tardes armónicos. El desconcierto se apodera del público, un telonero no se espera en una noche de danza seria, pero Monzón sigue, encanta, seduce, muestra un arte con mayúscula. Su baile es limpio y seguro, no hay trampas en sus pasos. En el programa versa “Improvisación”, pero nadie había reparado en ello. El poco público que había abandonado la sala regresa, perplejo se incorpora al disfrute de lo inesperado. Entonces ya no es un solo, un dúo de bailarinas crea un trío, más tarde se forma un cuarteto que se transforma quinteto y la dinámica no se detiene hasta llenar el escenario y dar comienzo a la última pieza de la noche, “Minus 16”, en medio de un intenso aplauso. Esta coreografía de Ohad Nahari es impredecible a la par de genial. Para bailarla se requiere una preparación física extraordinaria y un nivel de espontaneidad poco habitual. Con un empezar repetitivo y potente, la pieza se desarrolla explorando las sinuosidades menos esperadas de un espectáculo de danza, asegurando un final divertido a la par de virtuoso que deja espacio a la risa, la admiración y la energía positiva.

Si “Romeo y Julieta” vistió de largo a la CDN, “Ven a bailar con nosotros” viene a consolidar el buen hacer de José Carlos Martínez y borra, de una vez, la larga sombra de su ilustre predecesor.

 

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La Compañía Nacional de Danza borra la sombra de Duato, 8.4 out of 10 based on 7 ratings
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