El poder es confuso y, probablemente, no haya mayor anarquía que la que impera en un régimen totalitario. ¿Qué ocurriría con las “fuerzas del orden” de una dictadura si de pronto dejaran de tener subordinados? ¿Contra quién irían sus órdenes? ¿Quién cumpliría su ley de hoy, diferente a la de ayer?  Estas preguntas no tienen respuestas en el mundo de hoy, pero Marcos Morau recrea la situación en su Nippon-Koku y, cuanto menos, nos abre un espacio para la reflexión. Está muy extendido el credo que clasifica a la danza contemporánea como un arte divorciado de la anécdota, la historia y la trama. Muchas son las veces que las coreografías actuales no tocan, ni de soslayo, un texto que nos cuente algo. No podemos decir que esta vez se haya roto la hábito, sin embargo, algo más que danzar es lo que se pudo apreciar en este estreno de la CND.

Morau nos traslada a un país imaginario que mucho tiene de Japón: Segunda Guerra Mundial, fascismo, dictadura y el etcétera habitual. Y allí están los excelentes bailarines de la CND para impresionarnos en cada frase coreográfica. Con movimientos alejados del estilo clásico e incluso del neoclásico, los protagonistas de la noche mostraron que pueden con todo. Es sabido que colaboraron activamente en la creación de la coreografía y se notó. La incorporación de elementos de la danza oriental se conjugó en perfecta armonía con la plasticidad de cada uno de los bailarines, logrando que cada solo, cada “pas de deux”, cada escena grupal se tiñera de suaves tonos personales. Otro gran acierto fue el uso de la palabra, el verbo feroz salido de la bailarina japonesa Tamako Akinayama       que en todo momento sirvió de apoyo a lo que en escena ocurría. También destaca la escenografía dinámica de Enric Planas y el vestuario, como no podía ser de otra manera, de David Delfín. Sin embargo, si algo se visualizó entre líneas fue el gran trabajo de dramaturgia que corrió a cargo de Pablo Gisbert. Los bailarines danzan, pero a la par rebuscan en su interior para mostrar algo más que movimientos. Una vez más la CND dirigida por José Carlos Martínez apuesta por lo nuevo y no se equivoca.

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